Episodio 19 · 38 min
¿Puede un cristiano celebrar Halloween? Lo que la Biblia dice sobre el 31 de octubre
James Pratt y Daniela Moreira hablan del 31 de octubre: su origen pagano en Escocia e Irlanda, cómo se volvió una fiesta comercial global y por qué lo ven como un ritual colectivo que abre puertas en la familia. Tratan la sexualización de la mujer disfrazada de empoderamiento, el miedo como lo contrario de la fe, la presión de la escuela o el trabajo, la última fiesta de Halloween de Daniela y la diferencia entre creer en Jesús y seguirlo. Una pregunta lo atraviesa todo: si somos luz, ¿por qué celebrar la tiniebla?
Resumen del episodio
El tema: el 31 de octubre
James Pratt y Daniela Moreira abren el episodio que habían anunciado la semana anterior, cuando cerraron el episodio sobre el amor que se vuelve perverso prometiendo hablar del plan del enemigo para octubre.
James lo presenta como un tema de suma urgencia: estamos en octubre, a las vísperas de la fecha que, según él, es la más poderosa para Satanás, el 31 de octubre. Una fecha que se volvió icónica, en la que todo el mundo se pierde, la gente se disfraza y la maldad está por todas partes. Daniela añade que el algoritmo los ataca y les sale mucho contenido sobre eso, así que la pregunta es directa: qué significa Halloween, y por qué las brujas, las máscaras y la muerte.
De dónde sale Halloween
El antecedente que dan es que, aunque hoy se celebra en todo el mundo, nace en Escocia e Irlanda, y después lo acoge la cultura anglosajona. Es, dicen, un invento del mundo, como todo.
Más adelante lo completan: el inicio de esas fiestas paganas de los celtas fue celebrar la muerte, honrar a los muertos, y eso se ha normalizado hasta hoy. Se popularizó y se comercializó. En muchos países, dice Daniela, las tiendas de disfraces viven ahora su temporada más alta.
Pero en algo que parece tan inofensivo, advierten, pueden abrirse portales para nuestra familia y nuestros hijos. Y cuando alguien sugiere que se cierran con el tiempo, la corrección es inmediata: no hay que cerrarlos con el tiempo, hay que cerrarlos ya.
La mujer sexualizada y disfrazada de empoderamiento
Daniela cuenta que ella misma ha vivido cosas difíciles por querer salirse del sistema y apartarse de una fiesta que parece inofensiva: mujeres con faldas cortas, vestidas de monja, vestidas de policía. Ese día, dice, la mujer se sexualiza como nunca; es el día en el que supuestamente puede ser la más vil, y eso se ve normal. El disfraz más sensual es el que gana.
Lo que le llama la atención es la contradicción. La mujer está en contra de su propia sexualización, pero ese día se olvida de lo que está luchando. Y lo pone en perspectiva: quince años atrás no existía esto. Viene de la mano del empoderamiento femenino. La mujer se sexualiza creyendo que se empodera, pero, le dice a quien la escucha, no te estás empoderando, querida: estás perdiendo la voluntad que tienes dentro.
James lo llama una hipnosis colectiva, que distrae al mundo para decirle: relájate, disfruta.
Huid de la idolatría
Frente a eso, James lee 1 Corintios 10:14: «Por tanto, amados míos, huid de la idolatría».
Y lo une a Romanos 8, donde el Espíritu Santo tiene todo el poder para darnos la autoridad de ser luz en medio de las tinieblas de esa noche. James contrasta las dos fechas: si el 24 de diciembre es el día más puro, porque se celebra en todo el mundo la venida de Jesús, el 31 de octubre es para él el día más oscuro y más perverso del año. Por eso la invitación es a orar fuertemente y a decir con claridad por qué estamos en contra de lo que parece inofensivo.
Te están consumiendo a ti
Daniela insiste en que es una fiesta pagana, creada bajo el mal. Cuando haces parte de esa celebración, eres parte del sistema: estás consumiendo y te están consumiendo a ti.
Todo se pone en tendencia, dicen: la tiniebla, el terror, las películas de terror —que para Daniela son portales— y las canciones más salvajes y sexualizadas para bailar ese día. Daniela menciona además reseñas de que en estas épocas desaparecen animalitos, porque los usan para sacrificios.
La magia blanca también es del maligno
Recuerdan algo que vieron en un video: octubre es el mes en que más rituales de magia blanca se hacen. Mucha gente cree que la magia blanca es inofensiva, que hay brujas buenas. Para ellos, también es del maligno: hay rituales de magia blanca y rituales de magia negra.
Y hacen una observación muy práctica: vas donde un santero, vas donde una bruja, y dime tú por qué no vive en un lugar bonito. Te tienes que meter al quinto infierno para que te diga algo de tu futuro. Medita, dice, dónde te estás metiendo para saber tu futuro. Es un tema que ya habían tratado en el episodio sobre brujería, santería y fe.
Y lo llevan más allá de la curiosidad: estamos ciegos. El mundo nos pone una venda para anestesiarnos de la verdad.
El miedo es lo contrario de la fe
Ahí aparece la idea central del episodio: el miedo, el terror, es lo contrario de la fe. Y Halloween es una fiesta del miedo.
Leen 2 Timoteo 1:7: «Porque no nos ha dado Dios espíritu de cobardía, sino de poder, de amor y de dominio propio». Para lo último añaden otra palabra: templanza.
Y entonces preguntan a quién se le está dedicando ese día. No al Todopoderoso. Le dedicas lo más siniestro, lo más maquiavélico, lo más detestable: estás rindiéndole culto al miedo. Lo ilustran con los disfraces: te disfrazas de un hombre asesinado, de Jason, de Freddy Krueger; te disfrazas del mal y quieres dar terror. Y eso se normaliza.
Un ritual global
Vuelve una pregunta que ya se habían hecho antes: cuando vas a una discoteca o a una fiesta de Halloween disfrazado, a quién crees que le estás dando tu energía. Al de abajo. Eso es un ritual, y estamos viviendo un ritual comunitario, global.
¿Y por qué satanizar una sola fiesta que es diversión? Porque la gente no se da cuenta de a dónde va. Y un hijo de Dios, alguien que busca agradar al Padre y hacer las cosas bien, ya no puede vivir sumergido en lo que consume todo el colectivo.
En la introducción a Romanos de una Biblia de estudio leen que los creyentes son coherederos con Cristo, y que el Espíritu Santo nos da la capacidad y la determinación de decir que no.
Por querer pertenecer
El problema, dicen, es que el hombre y la mujer están mal acostumbrados a no decir que no ante las tentaciones. Vamos a tal lugar, vámonos de fiesta, ponte esto. Y no puedes decir que no.
¿Por qué? Por querer agradar, por querer pertenecer. Porque no hay identidad, y entonces haces lo que hace el colectivo: si todo el mundo celebra Halloween, yo también tengo que ir disfrazado, porque quiero caer bien.
Y si el trabajo o la escuela lo exigen
Aparece el dilema real: ¿y si tu trabajo depende de eso, porque te dicen que todos tienen que ir disfrazados? La respuesta es que te va a tocar. Pero si se lo dicen a su hija, James responde distinto: con mi hijo no te metas.
Su lectura parte de lo que significa mundano: hacer las prácticas del mundo y consumirte con ellas. Y señalan una contradicción: es raro que no quieras ir disfrazado a la oficina, pero es más raro que vayas con la Biblia y la leas ahí. Disfrazarse está normalizado; hablar de la palabra está mal visto.
Lo que él hace con su hija es concreto: si se va a disfrazar, va de princesa, porque es princesa de Dios. No se trata de disfrazarse del mundo, sino de seguir siendo quienes le dan luz al mundo, y en ese momento predicar: culturizar, ilustrar y corregir al mundo, pero con amor.
Si somos luz, ¿por qué celebrar la tiniebla?
Mientras buscan un versículo, queda planteada la pregunta que se repite hasta el final: si somos luz, ¿por qué queremos celebrar la tiniebla? ¿Por qué queremos normalizarla?
La respuesta del mundo, dicen, es siempre la misma: es un ratito no más, solo se vive una vez.
La última fiesta de Halloween de Daniela
Ahí Daniela cuenta su testimonio. Su última fiesta de Halloween fue hace dos años, cuando ya estaba conociendo la palabra. La invitaron a un lugar muy exclusivo: trae chicas, invita amigas, ven a bailar. Y ella pensó que no podía volver a ese tipo de fiestas.
¿Por qué? Porque cae en la tentación. Un hijo de Dios está siendo tentado, y el enemigo te disfraza y te entrega caramelos, caramelos llenos de veneno. Te distraes, caes, y pasa lo que hablaron en el episodio anterior: te sientes avergonzado, sucio, no merecedor del amor de Dios.
Así que al año siguiente le dijo a una amiga que no iba a ir, porque si iba, perdía. Recuerdan la frase de aquella vez: la vergüenza no es recaer, la vergüenza es no regresar. Y Daniela responde que ella prefiere no recaer, para seguir donde está en el camino. Desviarse y volver es tomarse una pausa, un recreo, y ella no se lo puede permitir, porque no quiere perder el favor ni la gracia de Dios.
Dominio propio es aprender a decir que no
Daniela vuelve a 2 Timoteo 1:7 y lo desarma en sus tres partes: el amor por el Padre, el poder de Dios y el dominio propio. Y el dominio propio, dice, es aprender a decir que no: a las tentaciones, a las amistades y a las fiestas que buscan que tu energía, tu espíritu y tu alma se pierdan en una perdición colectiva.
Lo que aprenden los niños
James le pregunta a Daniela por los niños, y ella responde que ahí es peor. Les vas normalizando en la cabeza el miedo, la violencia, los asesinatos y el terror, y a ella le parece insano. Un niño que ve películas de terror puede terminar normalizando los asesinatos, y comenta que en análisis psicológicos de asesinos en serie aparece la cercanía con ese tipo de películas, junto con la violencia en casa.
Recuerdan un video en el que un niño jugaba a acuchillar a su hermanita con un cuchillo de juguete. Y van todavía más lejos: hay niños criados por brujas y santeros, adoctrinados para hacer brujería a otros niños.
Daniela le pregunta a James qué le enseña a su hija. Él responde que lo correcto, la palabra de Dios, y que cuando la niña tiene miedo y no puede dormir la prepara con Romanos 8:15: «Pues no habéis recibido el espíritu de esclavitud para estar otra vez en temor».
La influencer que renunció al nombre de una diosa
¿Y qué le enseña a un hijo alguien activo en la magia, en los rituales, en el esoterismo? Lo mismo que vino a hacer el enemigo: distraer, robar y matar.
Cuentan entonces el testimonio de una influencer que ha crecido mucho en redes. Sus padres le habían escogido el nombre de una diosa, y desde muy pequeña le hicieron creer que tenía los poderes de esa diosa y que podía alcanzarlo todo; y efectivamente, muchas cosas las consiguió así. Pero cuando se encontró con Cristo se cambió el nombre y renunció a todo lo que había conseguido. Hoy se la ve hablando de la palabra, con muchos videos virales.
La conclusión es clara: le puedes dejar a tus hijos un legado malo, pero cuando Jesús tiene a sus elegidos, simplemente los toma y les dice que ahora les toca a ellos. Todo vuelve a la identidad: de quién somos hijos.
Y terminan de leer Romanos 8:15-16: hemos recibido el espíritu de adopción, por el cual clamamos «¡Abba, Padre!», y el Espíritu mismo da testimonio a nuestro espíritu de que somos hijos de Dios.
No puedes servir a dos señores
De ahí sale una advertencia sin rodeos: no puedes decir que le sirves a Dios y meterte en una discoteca. No puedes estar el domingo en la iglesia cuando el sábado estuviste fornicando, drogándote o tomando. ¿A qué Dios le estás sirviendo? No puedes servir a dos señores. Dices que quieres hacer el bien, pero estás haciendo el mal.
¿El proceso es lento o radical?
Daniela pone la objeción que muchos tendrían. El proceso es largo. Imagínate a una persona acostumbrada a salir de fiesta todos los fines de semana y que de la noche a la mañana diga que ya no. A algunos lo radical les funciona, pero otros necesitan su proceso.
James responde con algo que aprendió de Elon Musk: si dices que un cohete te va a tomar tres años, vas a tardar tres años; si dices que va a estar listo en tres meses, va a estar en tres meses. Tú puedes decir que tu proceso es largo, pero también puedes decidir que sea rápido, según lo que creas. Si pudieras graduarte de la universidad lo más pronto posible, lo harías.
Lo que no cabe es el proceso tibio, porque a los tibios los vomita. La diferencia está en qué tan rápido quieres llegar a la pureza. Si no estás dispuesto a limpiarte por completo, vas a seguir surfeando entre el bien y el mal: voy al grupo de fe, pero también a la fiesta y al partido del martes con alcohol. ¿De quién depende? De ti.
Los verdaderos muertos en vida
¿Y qué pasa si sigues jugando con el bien y el mal? Que vas a caer de nuevo y vas a pagar el precio. ¿Y cuál es el precio del pecado? Tu alma, la muerte: una muerte espiritual.
Ahí aparece una imagen que encaja con la fecha: hay gente que está muerta en vida. Esos son los verdaderos zombies, y en esas fiestas, dicen, están los verdaderos muertos vivientes. Lo que busca el enemigo es quitarles la vida a todos.
Cada puerta abre un espíritu
Explican lo que, para ellos, pasa cuando participas. Si tomas una botella, abres un portal al espíritu del alcoholismo. Si fumas un porro o te metes cualquier droga, aceptas el espíritu de la adicción. Si juegas a las apuestas, abres un portal a la ludopatía.
¿Y cuando vas a una fiesta que no le hace daño a nadie, solo a bailar y a pasarla bien? Abres un portal al espíritu de la lujuria, y sobre todo al espíritu de la muerte, porque ese día es un ritual colectivo donde se mezcla todo: drogas, alcohol. El objetivo del Halloween, dicen, es que pierdas tu alma ese día, y si no estás haciendo lo contrario, la estás ofrendando.
Cuando te disfrazas, pierdes tu identidad
Y añaden algo sobre el disfraz mismo: cuando te disfrazas pierdes tu identidad. Te conviertes en un títere, en un juguete, en un objeto, en un personaje de película. Ya ofrendaste tu alma con tu vestimenta: ¿quién eres?
Y lo une con lo que hablaron antes sobre las maldades: la del propio corazón, la del hombre y la del mundo. Al ir a celebrar te vuelves parte del colectivo del mundo, uno más, parte del sistema. Y entonces preguntan cómo puedes decir que sales del sistema y que amas a Dios si sigues ensuciándote.
Me sacó de la fosa: ¿por qué volver a ensuciarme?
Vuelven al Salmo 40, que leyeron en el episodio anterior: «Puse en el Señor toda mi esperanza; él se inclinó hacia mí». Pero, se preguntan, ¿cómo se va a inclinar hacia mí si no estoy clamando, no estoy orando, no estoy meditando en su palabra y no estoy haciendo lo correcto?
El salmo sigue: él me sacó de la fosa fatal, del lodo y del pantano. Entonces, ¿por qué vuelvo a ensuciarme? Y traen otra vez el pasaje de Juan: ya te he sanado, no peques más, para que no te venga algo peor. Cuando conoces a Dios, dicen, ya no puedes decir que no sabes lo que estás haciendo.
No améis al mundo
Leen entonces 1 Juan 2:15-16: «No améis al mundo ni las cosas que están en el mundo. Si alguno ama al mundo, el amor del Padre no está en él. Porque todo lo que hay en el mundo, los deseos de la carne, los deseos de los ojos y la vanidad de la vida, no proviene del Padre, sino del mundo».
A uno de ellos se le pone la piel de gallina. Y la explicación es sencilla: la palabra de Dios es fuerte, te confronta, y si no te confronta algo está pasando. Tiene que romperte por dentro hasta que digas: estaba haciendo mal.
Júntate con quienes ya tienen a Dios
Si estás escuchando esto, o alguien te lo compartió, es porque esa persona quiere que despiertes y que tengas hambre del amor y del poder de Dios, y del dominio propio. Si no lo tienes, pídeselo: Señor, dame ese fruto del Espíritu Santo, porque soy débil.
Y vuelven al cohete: la única forma de llegar rápido es unirte a las personas correctas, las que te pueden acercar a Dios. Si no sé dónde está Dios, pero ellos lo tienen, quiero lo que ellos tienen y me junto con ellos. Son santos en el sentido de que santifican sus alimentos, su trabajo y su familia. No somos perfectos, pero buscamos la perfección, y la buscamos no juntándonos con las cosas mundanas.
Y nombran lo más difícil: dejar de ser uno mismo, porque uno piensa que si hace lo correcto ya no sabrá quién es. Creemos que vamos a perder la identidad por seguir a Dios, cuando en realidad te hace mejor; lo que pasa es que no lo sabes porque no lo has experimentado, y por eso seguimos haciendo lo malo.
Hay camino que parece derecho
Para ir cerrando, Daniela comparte Proverbios 14:12: «Hay camino que al hombre le parece derecho, pero su fin es camino de muerte».
La aplicación es inmediata: te lo pintan bonito. Ve a Halloween, disfrázate, celebra; o sigue esta religión que parece derecha y que incluso te habla de Jesús, pero es camino de perdición.
Creer en Jesús no es lo mismo que seguirlo
Surge la pregunta por el libre albedrío, y la respuesta deja a un lado las doctrinas. Si se reúne a mil personas de distintas iglesias, Dios se va a quedar con las que crean en Jesús, den su vida por él y lo amen. Puede haber cien católicos y que solo cinco lo sigan; doscientos evangélicos y que solo veinte.
Y aclaran que no basta con creer: todos los demonios creen en Jesús. Se trata de seguirlo, de tener una relación con él. No es que por pertenecer a una iglesia ya estés salvo. Tienes que parecerte a él, hablar como él.
Pedro también lo negó
Recuerdan a Pedro, al que reconocían porque andaba con Jesús y hablaba como él, y que aun así lo negó tres veces, aunque lo amaba. Tenía miedo de morir. Y reconocen algo que a muchos les pasa: a quién no le ha dado vergüenza, al principio, hablar de Jesús o leer la Biblia delante de la gente, para que no lo vean como loquito.
James lo lleva al extremo: si alguien te apunta con una pistola y te dice que niegues a Jesús o te mata, qué respondes. Daniela le dice que eso es radical; él responde que hablemos de radicalidad, porque no ir a una fiesta de Halloween no lo es. Y la pistola sirve para darse cuenta de algo: de quién depende que vivas o mueras. De tu decisión. Nadie te obliga a nada; todos los días tomamos decisiones, y todas tienen consecuencias.
Carnaval y Halloween
Comparan Halloween con el carnaval, que para ellos significa «carne aval»: le estás entregando tu cuerpo, tu carne, a una entidad. En Halloween, dicen, te disfrazas y eres una ofrenda hacia la oscuridad y el ocultismo, parte de un sacrificio vivo.
Lo único que marca la diferencia, concluyen, es pedirle a Dios valor para aceptar su amor, el dominio propio y su poder.
«No puedo» no es lo mismo que «no quiero»
Y otra vez, aprender a decir que no. A la tentación de querer quedar bien con el mundo, de tener que dar una justificación a cada invitación.
Hacen una distinción fina: una cosa es decir «no puedo ir» y otra es decir «no quiero». Lo compara con la infidelidad: no es lo mismo decir «no puedo porque tengo esposa» que «no quiero, porque tengo esposa». Si formamos parte del cuerpo de Cristo, si somos la iglesia, tenemos que comportarnos como tal.
¿Qué hiciste con mis ovejas?
Pero no basta con no ir. Lo que sí podemos hacer, dicen, es inculcar el bien a todos los que están alrededor, porque nos va a quedar el no haberlo dicho. Jesús, que juzga a vivos y muertos, va a preguntar qué hiciste con sus ovejas: si las llevaste al barranco, al camino de tierra firme, o si no hiciste nada.
Y ponen las excusas en voz alta: yo no fui a Halloween, pero a mi familia nunca le dije nada. Yo no fui, pero vestí a mi hijo con un disfraz. Hay que tomar acción y ser luz en medio de las tinieblas.
Orar todo el mes
La invitación final es a orar fuertemente todo el mes contra el enemigo, sabiendo que Jesús tiene el poder y la autoridad sobre todo, sobre lo visible y lo invisible.
Uno de ellos lo dice desde su propia historia: pasó por las tinieblas, por valles de sombra, y aun lo que el enemigo creyó que lo tenía ya estaba escrito por Dios. Dios estuvo ahí sin que lo supiera. Por eso piden compartir el episodio con quien lo necesite, para que el pueblo no se pierda por falta de conocimiento y nadie pueda decir que no se le dijo.
Testigos de todo lo que hacemos
Se despiden pidiendo oración por las familias y los hijos, y un buen testimonio, porque hay multitudes de testigos viendo lo que hacemos, lo correcto y lo incorrecto.
Vuelven a una idea del episodio anterior: solo Jesús juzga, pero el enemigo acusa. Es el que dice «hermanito, ¿qué haces aquí?, ¿por qué estás tomando?». El enemigo te llama por tu pecado; Dios te llama por tu nombre. Y James lo ilustra con una escena de casa: Daniela, ven a comer; Daniela, ven a servirte. Para ser llamado por tu nombre como hijo, solo hace falta obediencia.
¿Qué comunión tiene la luz con las tinieblas?
Antes de irse queda una última palabra: 2 Corintios 6:14, «¿Qué compañerismo tiene la justicia con la injusticia? ¿Y qué comunión la luz con las tinieblas?».
Y repiten por última vez la pregunta del episodio: si somos luz, ¿por qué queremos celebrar la tiniebla?
Lo que más se pregunta
Preguntas frecuentes de este episodio
¿Puede un cristiano celebrar Halloween?
La postura del episodio es que no. James y Daniela lo describen como una fiesta pagana nacida para celebrar la muerte, que hoy funciona como un ritual colectivo a nivel mundial. Quien participa, dicen, entra en el sistema y abre puertas espirituales en su vida y en su familia. Su pregunta de fondo es: si somos luz, ¿por qué queremos celebrar la tiniebla?
¿Cuál es el origen de Halloween?
Según el episodio, nace en Escocia e Irlanda, entre los celtas, como una fiesta pagana para celebrar y honrar a los muertos. Después la acogió la cultura anglosajona y se popularizó y comercializó en todo el mundo, hasta el punto de que para las tiendas de disfraces es su temporada más alta.
¿Qué dice la Biblia sobre el miedo?
En el episodio se lee 2 Timoteo 1:7: Dios no nos ha dado espíritu de cobardía, sino de poder, de amor y de dominio propio. También Romanos 8:15: no hemos recibido espíritu de esclavitud para estar otra vez en temor, sino de adopción. Por eso dicen que el miedo es lo contrario de la fe, y que Halloween es una fiesta que celebra el miedo.
¿Es mala la magia blanca?
Sí, según el episodio. Mucha gente la ve como inofensiva y habla de «brujas buenas», pero James y Daniela sostienen que también viene del maligno. Y hacen una observación práctica: si vas donde un santero o una bruja para saber tu futuro, terminas metido en un lugar oscuro, y eso dice mucho de dónde estás buscando las respuestas.
¿Qué hago si en la escuela o el trabajo piden ir disfrazado a Halloween?
James cuenta lo que hace con su hija: si se tiene que disfrazar, va de princesa, porque es princesa de Dios. La idea es no disfrazarse del mal y seguir siendo luz, aprovechando el momento para corregir al mundo con amor. Y señala una contradicción: es normal ir disfrazado a la oficina, pero mal visto ir con la Biblia y leerla ahí.
¿Qué es el dominio propio según la Biblia?
Es uno de los frutos del Espíritu Santo, y en el episodio se define de forma sencilla: aprender a decir que no a las tentaciones, a las amistades y a las fiestas que buscan que tu alma se pierda. Si no lo tienes, la invitación es pedírselo a Dios reconociendo que eres débil, y rodearte de personas que ya caminan con él.
¿Cuál es la diferencia entre creer en Jesús y seguir a Jesús?
En el episodio se recuerda que hasta los demonios creen en Jesús. Lo que cuenta no es pertenecer a una iglesia u otra, sino seguirlo y tener una relación con él, de forma que la gente note que hablas y vives como él. Por eso dicen que, de cien personas en cualquier iglesia, quizá solo algunas lo siguen de verdad.
¿El cambio en la vida cristiana tiene que ser lento o radical?
Daniela plantea que el proceso es largo y que a algunos les funciona lo radical. James responde que la velocidad depende de lo que creas: si quieres un proceso rápido con Dios, vas a hacer las cosas lo más rápido posible. Lo que no se puede es quedarse tibio, surfeando entre el bien y el mal, yendo al grupo de fe y también a la fiesta.
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