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Episodio 20 · 41 min

El 75% de los hombres fue criado sin padre: la crisis que explica todo

El pastor Mario Gamas llega desde Texas a Ecuador y conversa con James Pratt y Daniela Moreira sobre la hombría y el liderazgo masculino en el siglo XXI. Habla de los hombres criados sin padre, del experimento de los elefantes en Sudáfrica, de los 35 segundos de atención de calidad que recibe un niño y de Malaquías 4:6 como la fórmula de Dios para sanar la tierra. Explica que perfecto significa maduro, que la sujeción es protección y por qué un padre pinta destino. James cuenta sus 12 años de sobriedad y los pasos egorreductores.

Resumen del episodio

Un invitado recién llegado

James Pratt y Daniela Moreira reciben al pastor Mario Gamas, que viene desde Texas. Literalmente acaba de aterrizar: lo fueron a recoger al aeropuerto y de ahí llegaron directo a grabar. Tiene una agenda en Ecuador, y quieren aprovechar su alcance internacional para algo que, aclaran, no es un mensaje motivacional: lo que buscan es conocer realmente la verdad.

Daniela plantea el tema: la hombría, el liderazgo masculino del siglo XXI. Cuánto ha cambiado la dinámica del hombre en el mundo, y qué significa hoy ser hombre.

Tres de cada cuatro

James recuerda algo que el pastor les contaba en el camino. Alrededor del 75% de los hombres ha sido criado por mujeres: madres, hermanas, tías, abuelas, madrastras. Y eso, dice, lo cambia todo. La ausencia del padre y del liderazgo masculino en el hogar ha generado una distorsión cuyo precio está pagando el mundo.

El pastor no lo llama un tema, sino una emergencia total, global. En los años 50 el núcleo familiar era papá, mamá y los hijos. Eso empezó a cambiar en los 60, y él sostiene que lo que pasó entonces se está repitiendo en los años 2020.

Hombres femeninos

La distinción que hace es precisa: haber sido criados por una mujer no vuelve afeminado a un hombre, pero sí produce hombres femeninos, que en vez de tomar su lugar en la casa no lo toman. Un hombre masculino protege, y una necesidad esencial de toda mujer es la protección y la seguridad: una mujer se enamora porque se siente segura. El hombre masculino protege sin levantar las manos; con el hombre femenino, en cambio, es ella la que termina guiando.

Las señales están por todas partes, dice. El concepto de familia está en el piso, el de matrimonio es variable, y en los hogares hay cada vez menos padres presentes. Y lo dice desde su propia historia: él tuvo un padre en casa, pero no estaba presente, porque trabajaba casi dieciocho horas al día.

Lo que dicen los números

Comparte datos de Estados Unidos: en 2025, uno de cada tres niños no tiene a su papá en casa. No es que no tenga papá; es que no está, porque se fue o porque vive trabajando. Y esos niños, dice, son cinco veces más propensos a terminar en la cárcel.

Añade que la gran mayoría de los jóvenes, sobre todo las mujeres, no se están casando, y para él muchas de las crisis que ve en la sexualidad de hoy tienen la misma raíz: la ausencia de papá.

Los elefantes de Sudáfrica

Para explicarlo cuenta lo que pasó hace unos años en el sur de África. Una reserva creció tanto que hubo que trasladar a los animales grandes, como los elefantes. Movieron primero a los jóvenes y dejaron en el lugar original a los machos viejos.

Los jóvenes que llegaron al nuevo sitio se volvieron demasiado territoriales y agresivos, y empezaron a matar a los otros machos. Al principio pensaron que eran cazadores furtivos, pero los animales muertos no tenían balas. Lo que pasaba era que, sin elefantes viejos, maduros, la juventud se había desquiciado: mataban y preñaban a hembras que todavía no estaban para eso. La solución fue volver a juntarlos para traer balance.

Y así estamos, dice: socialmente desbalanceados. En el afán de darles amor a nuestros hijos les damos libertinaje; en el afán de que vivan felices, los desprotegemos. Y alguien lo completa con ironía: se supone que somos racionales, pero somos el único animal que se autodestruye.

Volver al propósito original

¿Qué hacer, entonces? Regresar al propósito original de Dios. Dios creó primero al varón, y al ponerse nombre a sí mismo se llamó Padre; al varón lo hizo padre de la raza humana. Lo puso en el huerto del Edén no solo para cuidar lo que había creado, sino para levantar y proteger el estandarte del matrimonio y de la familia, que hoy ya no se ve como algo tan válido.

Por eso el hombre tiene que tomar su lugar en el hogar. La vida no puede ser solo trabajo ni solo ganar dinero para mantener. Ser hombre es más que mantener, y ser un hombre completo es más que el éxito económico, que en los países desarrollados se fomenta mucho mientras se descuida la casa.

La fórmula para sanar la tierra

El secreto, dice el pastor, está en cómo termina el Antiguo Testamento. Antes de cerrarlo, Malaquías da un mensaje: el corazón de los padres se volverá hacia los hijos y el de los hijos hacia los padres; asegúrense de que eso pase, o la tierra será herida con maldición.

Para él, ahí Dios nos está dando la fórmula para sanar la tierra. Volcar el corazón a los hijos va por encima de la provisión. Todos tenemos que proveer, pero un padre tiene que ir más allá: cuidar el corazón de sus hijos y asegurarse de que ellos quieran casarse, comprometerse con su familia y proteger a su esposa.

¿Y si mamá se quedara en casa?

Si queremos volver a la familia sana de los años 50, plantea, ¿qué tal si mamá se quedara en casa? El papá sale a ganarse la vida —a rajarse la espalda por la familia, como dicen en México—, pero a cierta hora corta, porque tiene que llegar a hacer tareas, a hacer el culto familiar, a pasar tiempo con los niños.

Cuenta que en su iglesia fomentan la educación en casa, y que tiene tres nietos estudiando así. Su nieta de cinco años, dice, lee mejor que niños de once. En la mesa se suma lo que se ve en todas partes: niños que no saben leer, escribir ni hablar en público, porque con la tecnología ya solo usan la voz.

Treinta y cinco segundos

Y entonces el dato que más pesa: el promedio de tiempo de calidad que se le da a un niño en Estados Unidos es de treinta y cinco segundos.

El pastor tiene seis nietos y se reconoce en eso. Los domingos sus nietas llegan a la iglesia y quieren contarle cosas, y él está concentrado en la gente; las atiende un momento y vuelve a lo suyo. Se da cuenta de que está haciendo lo mismo que enseña a no hacer. Siempre hay una razón: llego cansado, no tengo tiempo, hay muchas cuentas que pagar. Pero treinta y cinco segundos no equivalen a ningún desarrollo emocional saludable.

Cómo se ve un niño sano

¿Cómo saber si un niño tiene salud emocional? Quítale el teléfono, dice. El niño sano se acerca y te saluda: hola, me llamo Bailey, tengo cinco años, ¿y tú cómo te llamas? En cambio, lo que él ha visto tantos años en la iglesia es al niño que no habla, se echa para atrás y baja la cabeza. Eso es una señal pequeña, aclara, pero dice que algo está pasando en casa.

Y si se va más profundo, añade, los niños que no están emocionalmente sanos suelen empezar muy pronto con la promiscuidad. Recuerda que hace años se hablaba de los 16 o 17 años, y que hoy empieza mucho antes. Su esposa trabaja en un hospital psiquiátrico y ve llegar niñas muy pequeñas ya embarazadas.

Para qué trabajamos tanto

Todo esto se discute en gobiernos y organizaciones sociales, pero para él es un asunto del hogar. ¿Para qué trabajamos tan duro, si no nos vamos a llevar nada?

Lo dice desde donde está hoy: sus hijos ya se fueron de la casa, y ahí uno se da cuenta de que muchos de los énfasis de antes estaban mal. El tiempo que hoy desearía haber pasado con ellos se lo gastó trabajando y ganando dinero.

Un líder como Jesús

James cuenta cómo el Espíritu Santo lo ha venido capacitando en los últimos dos años. Un 2 de enero, en un viaje al que no quería ir, le regalaron un libro que desde 2014 no se vuelve a imprimir: Un líder como Jesús, de Ken Blanchard. Lo recomienda, y avisa que hay audiolibros en YouTube.

El modelo del libro habla de cuatro etapas del liderazgo: el personal, el uno a uno, el grupal o familiar y el organizacional, ya a nivel de gobiernos, países o empresas. Y el orden importa: antes de liderar a otros o a una familia, el hombre tiene que liderarse a sí mismo. Es lo que ya habían tratado en el episodio sobre el liderazgo propio.

Templanza: el uso moderado de lo bueno

Dentro de los frutos del Espíritu Santo está el dominio propio, que otras traducciones llaman templanza. James reconoce que es difícil: todos los días intentamos dominar nuestros instintos y nuestros impulsos, porque somos emocionales.

Y señala algo que se ve en las iglesias: están llenas de mujeres que buscan ayuda porque han sido abandonadas o rechazadas, pero hay muy pocos hombres, porque el corazón del hombre es duro y es difícil llegar a él. Por eso el liderazgo empieza por controlar la carne y los malos hábitos, por aprender a decir que no.

El pastor añade otra traducción de la palabra: temperancia. Y la define así: el uso moderado de aquello que es bueno y la abstención total de aquello que es malo.

Querer ser como Jesús

El pastor cuenta que hace unos años dieron en su iglesia una serie llamada Hombría para el siglo XXI. Uno de sus principios es que un hombre pleno no es el que gana mucho, tiene éxito y se lleva los aplausos del mundo. Un hombre se ha hecho hombre el día en que dice: yo quiero ser como Jesús. Porque Romanos 8:29 dice que ese es nuestro llamado, desarrollar la persona de Cristo en nosotros.

Y se queja de que la religión ha hecho mucho daño al llevarlo todo al futuro: allá te van a transformar, allá vas a vencer tu carne. No es allá, dice, es aquí. La eternidad comenzó cuando Cristo nos dio vida eterna, y estamos de este lado de ella.

Perfecto significa maduro

Le preguntan qué significa para él la palabra perfecto, la que lleva el nombre del podcast. Su respuesta: perfecto es maduro, no ausente de defectos. En ciertas áreas de su vida se considera perfecto, porque ha madurado; en otras, no.

La raíz griega de la palabra, explica, es maduro. Colosenses 2:10 dice «vosotros estáis completos en él», y es la misma palabra: completo, perfecto, maduro. Y un hombre maduro es el que toma responsabilidad, mientras que el hombre moderno quiere placer sin responsabilidad.

Hombría no es machismo

En la conversación aparece el otro lado. Antes la masculinidad se medía por cuántas mujeres tenías y cuánto poder acumulabas, y desde niños se les preguntaba a los varones cuántas novias tenían o si eran el más pilas del salón. Y se reconoce que el feminismo también trajo cosas buenas: gracias a él las niñas pueden estudiar y las mujeres votan.

El pastor está de acuerdo en que la sociedad era muy promiscua y altamente machista. Pero, dice, la hombría no tiene nada que ver con el machismo: tiene todo que ver con el carácter y los dones de Cristo. Un hombre completo es manso, humilde, no es peleonero, no violenta, no levanta la voz y protege. Distingue además el feminismo liberal de hoy, que para él ha venido a ser una lacra al igual que el machismo; todo lo que se lleva al extremo hace daño.

La hombría solo se puede modelar

Cuenta cómo mira su propia iglesia: le importa menos cuánta gente hay que cuántos hombres hay, y de esos hombres, cómo son como papás. Observa cómo tratan a sus hijos, y cuando hay que corregir a alguno lo lleva aparte: no levantes la voz de esa manera.

¿Por qué? Porque la hombría solo se puede modelar. Solo un hombre masculino puede encenderla en otro hombre; no puede hacerlo la mamá ni un tío. Lo que falta hoy en la iglesia, dice, son padres espirituales. Incluso a los pastores se les llama ahora coaches. Pero la Biblia está llena de ejemplos de paternidad: Cristo dio paternidad a doce, solo a doce, y cambió el mundo, porque se metió en ellos.

Doce años de sobriedad y los pasos egorreductores

James comparte entonces su historia. Tiene doce años de sobriedad gracias a Narcóticos Anónimos y tres años en la fe. Lo que más lo impactó del libro de Blanchard es que lo primero que encontró al abrirlo fueron los doce pasos adaptados a los «ególatras anónimos».

Él venía estudiando los pasos de la sobriedad, y ahí los vio convertidos en algo para el líder: doce pasos egorreductores, que hacen que el ego se achique lo más posible. Menos ego y más Jesús: ya no soy yo, es Cristo en mí. Como líder en la iglesia o en una organización, dice, no soy yo el que lidera; tiene que ser Jesús liderándome a mí para poder liderar a otros.

La sujeción es protección

El pastor habla de otro principio de su serie: la sujeción. A los hombres les encanta hablar de sujeción, dice, siempre que sea la mujer la que se sujete.

Lo ilustra con una imagen. Imagínate que está de pie sobre una tarima y le pide a su esposa y a sus hijos que se pongan delante de él; le quedan a la altura de los pies. Él lleva una capa grande que lo cubre perfectamente, pero hace frío. Como ellos están sujetos a él, se va bajando la capa hasta cubrirlos por completo, aunque él quede descubierto. Eso es la sujeción: protección.

En la conversación sale el pasaje que pide a las mujeres someterse a su marido, y el pastor lo completa: sí, como Cristo se entrega por su iglesia, pero hay que seguir leyendo, porque otro texto le da un martillazo al hombre al pedirle que conviva con su esposa con amor y ternura. Y añade lo que de verdad cuesta: el hombre tiene que aprender a sujetarse a otros hombres.

Lo contrario de tu pecado es tu llamado

James retoma: el problema del mundo es que no hay mentores, no hay hombres guiando y liderando a otros hombres. Y no los hay porque no se lideran a sí mismos y son víctimas de sus pecados: la codicia de hacer dinero y crear empresas, o la lujuria de tener varias mujeres.

Y comparte una idea que lo marcó: lo contrario de tu pecado es tu llamado. Hay hombres atrapados en la pornografía, en las apuestas, en la marihuana. Si el enemigo te está dañando los pulmones, quizá es porque ese hombre estaba listo para alabar, para hacer música, para cantarle a Dios y hablar de él. Usa tu pecado para dañar los instrumentos que Dios te dio, y así te inutiliza para el propósito que tiene contigo.

Mentor o padre espiritual

El pastor prefiere hablar de padres espirituales, y explica la diferencia con el mentor: el mentor hace todo lo que hace un padre espiritual, excepto una cosa, nunca se reproduce en el otro.

Lo ve en sus propios hijos, que hoy son una réplica de su papá en el manejo del dinero, en cómo son como maridos, en el tipo de casa que tienen. Pero salieron mejores que él: uno de ellos prohibió en su casa los tonos elevados, y cuando el pastor llega hablando fuerte, sus nietas se asustan porque no están acostumbradas al ruido. Eso él nunca lo hizo, y su hijo sí.

Y cuenta algo personal: cuando tuvo un padre espiritual, sus adicciones desaparecieron junto a él sin que nunca hablaran del tema. Todo lo que operaba en él empezó a operar en el pastor. Eso es paternidad: uno se reproduce. Así fue con Elías y Eliseo, con Pablo y Timoteo, y hasta con el señor Miyagi en Karate Kid. Todos necesitamos un padre.

Dios salió de la iglesia

Aquí el pastor dice algo fuerte: si esto no cambia pronto, las iglesias van a dejar de ser útiles. Para él, Dios se ha salido de la iglesia y se ha metido en Hollywood, en la economía y en todas las esferas de la sociedad, y desde ahí está brillando sin ningún pastor.

Pone como ejemplo el funeral de Charlie Kirk, que duró trece horas y en el que figuras del gobierno hablaron de su fe ante el mundo entero, desde una plataforma que ningún pastor tiene. Dios, dice, está buscando a su gente: a los adictos, a los perdidos. Todos somos adictos a algo para empezar, pero Dios vino a traer libertad, y hay que caminar en libertad, no en pretensión. O eres libre o pretendes.

Un padre pinta destino

Recuerda un artículo de la revista Time, de los años setenta, que lleva años citando. Explicaba qué significa la palabra padre, y al final decía: padre significa destino. Si tienes padre, tienes destino.

Por eso, dice, se acerca mucho a los muchachos de la iglesia cuyos padres se divorcian: les está tratando de plantar un destino. Cuenta que a sus tres hijos, desde adolescentes, les describía la casa, el carro y la familia que tendrían a los veinticinco o veintisiete años. Uno de ellos salió de casa a los veintiuno con un buen trabajo, una casa nueva más grande que la de su padre, dinero ahorrado y el carro pagado, porque él premiaba a sus hijos cuando ahorraban.

Sin padre, insiste, no sabes para qué se usa el dinero, ni cómo se trata o se corteja a una muchacha. Por eso hay tantos hombres mediocres: nadie les pintó un destino y nadie se reprodujo en ellos. La tierra está llena de maldición, vuelve a Malaquías, porque no hay padres. El tema se cruza con lo que habló el pastor Napoleón Jaques en el episodio sobre por qué al hombre le cuesta tanto dejar de hacer el mal, donde la paternidad perdida también estaba en el centro.

La iglesia es para proteger

El pastor cierra la idea de la sujeción: no es para gobernar ni para señorear, es para proteger. Si alguien en su iglesia pasa por una situación difícil, lo protegen, y cuenta que han pagado hospitales, operaciones y hasta un año de renta. Para eso es la iglesia.

Y la protección empieza en casa, con la esposa. ¿Quieres ver si un hombre es efectivo? Mira a su esposa: si está contenta, si se arregla, si se la ve bien. Ahí se nota la hombría de un hombre.

La multiplicación de los panes

James interrumpe porque se acaba el tiempo, y anuncia algo nuevo: por primera vez en Perfectos Podcast, un episodio va a tener dos partes, y en la siguiente quiere que el pastor les hable de los dones.

Antes de cerrar comparte la oración que repite todos los días, y que también le pide a su hija: que Dios multiplique los panes y los peces. Dice que entendió que esa multiplicación no es de fortuna ni de dinero, como piensa la gente. El pan de vida es Jesús, y lo que Dios quiere multiplicar es el liderazgo y la paternidad: que se multipliquen los hombres, y que uno se convierta en cinco mil.

El pastor lo resume: así se cambia la sociedad, multiplicando paternidad espiritual. Y se despiden con la promesa de continuar la conversación en el próximo episodio.

Lo que más se pregunta

Preguntas frecuentes de este episodio

  • ¿Qué pasa con los hombres que crecen sin padre?

    Según el pastor Mario Gamas, alrededor del 75% de los hombres fue criado por mujeres —madres, hermanas, tías o abuelas— sin un padre presente. Eso no los hace afeminados, dice, pero sí produce «hombres femeninos» que no toman su lugar en la casa, no protegen y no lideran. Sin padre, explica, falta quien les pinte un destino y quien les modele la hombría.

  • ¿Qué dice Malaquías 4:6 sobre los padres y los hijos?

    Que el corazón de los padres se volverá hacia los hijos y el de los hijos hacia los padres, y que si no ocurre, la tierra será herida con maldición. En el episodio se presenta como la fórmula de Dios para sanar la tierra: que los padres vuelquen el corazón a sus hijos, más allá de solo proveer para ellos.

  • ¿Qué es el experimento de los elefantes de Sudáfrica?

    El pastor cuenta que, al trasladar elefantes, movieron primero a los jóvenes y dejaron atrás a los machos viejos. Sin animales maduros, los jóvenes se volvieron agresivos, mataron a otros machos y preñaron a hembras demasiado jóvenes. Para traer balance tuvieron que volver a juntarlos con los mayores. Lo usa para explicar el desbalance de una sociedad sin padres.

  • ¿Qué significa ser perfecto según la Biblia?

    En el episodio se explica que perfecto significa maduro, no sin defectos. El pastor cita Colosenses 2:10, «vosotros estáis completos en él», donde la misma palabra se traduce como completo, perfecto o maduro. Y un hombre maduro, dice, es el que toma responsabilidad en lugar de querer placer sin responsabilidad.

  • ¿Cuál es la diferencia entre hombría y machismo?

    Para el pastor Mario Gamas la hombría no tiene nada que ver con el machismo, sino con el carácter de Cristo. Un hombre completo y maduro es manso, humilde, no es peleonero, no violenta, no levanta la voz y protege. Y añade que la hombría solo se puede modelar: solo un hombre puede encenderla en otro hombre.

  • ¿Qué significa la sujeción en el matrimonio?

    Según el episodio, la sujeción no es para gobernar ni para señorear, sino para proteger. El pastor la ilustra con un hombre de pie sobre una tarima que se quita su propia capa para cubrir a su esposa y a sus hijos aunque él quede descubierto. Y recuerda que el hombre también tiene que aprender a sujetarse a otros hombres.

  • ¿Cuál es la diferencia entre un mentor y un padre espiritual?

    El pastor explica que el mentor hace casi todo lo que hace un padre espiritual, excepto una cosa: nunca se reproduce en el otro. El padre espiritual sí, y lo que opera en él empieza a operar en su hijo. Pone los ejemplos de Elías con Eliseo y Pablo con Timoteo, y cuenta que sus propias adicciones desaparecieron cuando tuvo un padre espiritual.

  • ¿Qué es la templanza?

    Es uno de los frutos del Espíritu Santo, también traducido como dominio propio o temperancia. En el episodio se define como el uso moderado de lo que es bueno y la abstención total de lo que es malo, y se presenta como el primer paso del liderazgo: un hombre no puede liderar a otros si no se lidera a sí mismo.

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