Episodio 13 · 38 min
El peligro de los intermediarios esotéricos y el único camino a la verdad
James y Daniela estrenan formato hablando de los intermediarios: horóscopo, cuarzos, limpias, manifestación, anatemas en casa. James cuenta en primera persona la limpia que pagó, el dinero que sí llegó y el año en que lo perdió todo; Daniela, la revista que la inició de niña sin que nadie se diera cuenta. La conclusión es una sola: el único intermediario es Jesús.
Resumen del episodio
Un formato nuevo, un tema incómodo
James Pratt y Daniela Moreira estrenan formato y arrancan por donde venían conversando entre bastidores: el camino que a James le tocó atravesar y los intermediarios que se cruzaron en él.
La pregunta que ordena todo el episodio se hace de entrada: ¿qué son esos intermediarios?
¿Qué son los intermediarios?
La respuesta de James es amplia a propósito: cualquier ídolo, cualquier objeto, cualquier creencia, incluso una fe puesta en otra cosa, que se usa para llegar a algo.
Y lo aterriza: quiero ese trabajo, quiero ese puesto, quiero a esa persona, quiero ese premio… y voy a usar un intermediario para conseguirlo.
Daniela propone ir a la base y ponerle su nombre técnico: hablar de intermediarios es hablar de la nueva era. Aquí no se está inventando nada, dice; se puede buscar qué es el «new age» y aparece lo mismo: un montón de prácticas que prometen paz, fortuna, amor y riquezas, siempre a cambio de que cumplas con algo.
El signo convertido en identidad
James cuenta que desde chiquito le preguntaban de qué signo era y nunca creyó en eso. Según las fechas sería Piscis, pero jamás le dio lugar al horóscopo.
Lo que le llama la atención es lo que pasó con los años: hoy la gente se identifica con eso. «Soy Géminis», «soy Escorpio», «soy Libra». La gente se autodenominó una identidad según un símbolo.
La revista que la inició sin que nadie lo notara
Daniela aporta su lado. Entre los 11 y los 15 años le llegaba la suscripción de una revista juvenil mexicana, de esas que en la época competían con varias más. A ella le encantaba leer y esa tenía un formato dirigido a chicas: moda, estilo, tendencias.
Pero había una parte con el horóscopo. Y otra con listas para hacer hechizos: invoca a tu hada, el feng shui, lámparas.
Su matiz es importante: nadie en su casa la indujo a la astrología ni a la magia blanca. Nadie le dijo «lee esto». Simplemente lo leía y lo consumía, inocentemente, porque estaba por todos lados.
James lo conecta con el fondo social del asunto: como seres sociales nos valoramos según lo que la gente valora. Si esa chica hace esto, va a ser cool. La gente quiere pertenecer, quiere hablar de ciertas cosas y quiere resultar interesante.
Por qué se habla de esto en un canal de fe
Alguien podría preguntar qué hace este tema en un podcast que busca la perfección de Cristo. La respuesta de James es que en ese camino hay muchas imperfecciones que lastiman y que dejan heridas en el pasado, en el presente y en el futuro.
Y cuenta la suya: no hubo un padre ni una madre que le enseñaran a leer la Biblia. Hubo una educación de misa los domingos por cultura, y nada más. También recuerda a su mamá con el tema de las limpias y las cartas; son recuerdos breves, dice, no se acuerda de todas esas cosas.
Cadenas intergeneracionales
Ahí Daniela abre un paréntesis que se vuelve central: por eso hay cadenas desatadas. Es intergeneracional.
Si tienes un familiar, una mamá o un papá que se leyó el tarot o las cartas o hizo brujería, eso es una cadena que hay que limpiar. Cuando alguien empieza a creer en la astrología, en la clarividencia, en los brujos, en los chamanes, en las personas que hacen limpias, eso no se queda solo en esa persona.
«Me habían hecho brujería»
James cuenta lo que le pasó hace siete u ocho años. Él nunca había creído en eso y, sin embargo, lo sentía.
Lo describe como si alguien tuviera un muñeco suyo con una aguja clavada en la nuca. Sentía que le jalaban la espalda y el cuello, con un dolor profundo.
Cuando uno está así, dice, primero recurre a sus amistades. Y en ese tiempo él no tenía amistades cristianas ni católicas: a su lado tenía una amiga que hacía santería. Ella le dijo que estaba embrujado, que le tenían hecho un hechizo, y que había que hacerle una limpia.
Fuego contra fuego
Nadie se lo dijo con esas palabras, pero James lo entendió así: para tal brujería, hay que usar brujería.
La limpia fue con miel, con leche, con naranjas. Fue algo que él mismo describe como lindo, un baño agradable. Después vino otra en un río, y varias cosas más. La promesa era limpiarlo de esa brujería y que se le abrieran los caminos.
Y decidió creer porque la estaba pasando mal: con mucho dolor y, la palabra correcta, con mucho estrés.
El pago que se adelantó: «esto sí funciona»
Después de la limpia llegó la señal que lo convenció. Le debían un pago de muchos ceros a 60 días. Su proveedor lo llamó para ofrecerle un método nuevo de un banco que adelantaba el dinero cobrando un 5%. ¿En cuánto tiempo? En 10 días.
Un pago de 60 días se adelantó a 10. James lo pensó tal cual: «wow, esto funciona».
Y hoy lo dice sin suavizarlo, porque él estuvo dentro: la magia, la brujería y ese poder sí funcionan y sí existen. Por eso mismo vale la advertencia que cita: de qué te sirve ganar el mundo entero si terminas perdiendo tu alma.
El año en que se abrieron los caminos y se cerró todo
Después vino la bonanza, la abundancia, los caminos abiertos. Y también vino lo otro.
Ese mismo año terminó su unión con la madre de su hija, cuando la niña tenía apenas meses de nacida. Pudo pagar muchas cosas con ese dinero y tuvo un éxito breve, pero se quedó solo en su casa. Ya no era estrés: era depresión y una soledad abrumadora.
Daniela le hace la pregunta obvia y necesaria: ¿por qué no volviste a intentarlo, si mucha gente reincide y lo hace a mayor escala? La limpia costaba entre 600 y 900; a él se la dejaron en 300 y hasta negoció parte con un canje.
Su respuesta es honesta: el dinero nunca fue su codicia. A él le gustan los retos, crear, desarrollar. Su talón de Aquiles fueron otros pecados y otras situaciones, las mismas por las que se terminó esa relación. Pero, dice, Dios hace lo imposible posible y endereza los renglones torcidos.
Hay más de 3.000 dioses en las distintas culturas del mundo. En este caminar él entendió que Jesús es el camino, la verdad y la vida.
Narcóticos Anónimos y la oración de la serenidad
Cuando llegó la invitación a un encuentro de varones en una iglesia cristiana, hace casi ocho años, James ya venía en un proceso espiritual dentro de Narcóticos Anónimos. Los pasos de NA son un camino espiritual que lleva al contacto con Dios, según como cada quien lo conciba, y él los trabajaba sin lograr una conexión real.
Lo que sí le repetían desde el inicio era la oración de la serenidad: Dios, concédeme serenidad para aceptar las cosas que no puedo cambiar, valor para cambiar las que sí puedo y sabiduría para reconocer la diferencia.
Y hay un dato que subraya: la literatura de Alcohólicos Anónimos, que después se transforma en la de Narcóticos Anónimos, viene de la Biblia, de las cartas de Pablo.
El hombre cíclico
James describe el patrón que reconoce en sí mismo y en muchos: el hombre es cíclico. Durante un año está bien y en un momento determinado se cae todo, los proyectos y las relaciones. Se entra en un bucle que se repite cada año.
Y ahí aparece la negociación: «Señor, sálvame de esta y te juro que voy a la iglesia». Más que negociación, dice, es desesperación, porque solo cuando ves que con tus fuerzas no puedes es que buscas a Dios de verdad.
Él era así: una vez al año se sentía un Super James que todo lo puede, hasta que se daba cuenta de que no podía. El día que se rindió empezó un camino que ya lleva siete años: orar, arrodillarse, hacer a diario lo que antes hacía una vez al año.
¿Qué es un anatema?
Daniela pregunta qué le recomendaría a alguien que todavía cree en el horóscopo y que tiene anatemas en casa. Y hacen la pausa para explicarlo.
Los anatemas son figuras y objetos que tienes en casa: un buda, un ojo griego, cartas, amuletos que se supone que traen suerte o prosperidad. Muchas veces ni los pusiste tú: los heredaste, te los regalaron, o están guardados en un clóset sin que lo recuerdes.
Esas figuras, explica James, no permiten que el Espíritu Santo habite en tu morada, porque son maldiciones. Y aclara lo que corresponde: Cristo vive en él, el Espíritu Santo vive en él; pero mientras uno empieza a caminar hacia la perfección de Cristo, va aprendiendo estas cosas.
Parálisis de sueño y moretones al amanecer
Daniela vuelve más atrás en su historia, a cosas raras que ella creía normales. Dormía y le daba parálisis de sueño, y amanecía con moretones.
Su lectura es directa: por más que digan que es otra cosa, la parálisis de sueño tiene mucho que ver con lo espiritual.
Y de ahí saca la advertencia para los padres: las cosas se pueden abrir en tus hijos y en tu familia sin que te des cuenta, porque el mundo te permite normalizarlo todo con tal de que estés «en onda». La frase que lo resume es la que cita: mi pueblo se pierde por falta de conocimiento.
También reconoce que la posibilidad económica trae muchas herramientas, pero hay que saber qué herramientas metes a tu casa. Lo que se pudo hacer, dice, fue limpiar todo eso.
Las abuelas que oran
Los dos coinciden en algo: las abuelas sostuvieron a la familia. Daniela dice que su abuelita siempre ha sido el pilar espiritual de la casa y que sus oraciones hicieron lo suyo.
James cuenta que sus dos abuelas viven. Una es devota del Señor de la Salud, en Santiago de Bolívar, y la otra reza el rosario todas las noches hasta el día de hoy. Toda la vida han orado por la familia.
Pero les hizo una pregunta a las dos: abuelita, ¿has leído la Biblia? Y la respuesta fue no.
De ahí sale la invitación que dejan al aire: que no se muera la tradición de reunirse y orar en familia. Reúnanse y oren, dice Daniela, y no se pongan a manifestar.
Oír, leer y hablar
James lo explica como tres formas en que entra el sello de Dios en la vida de una persona.
Al oír la palabra ya estás creyendo, porque por el oír viene el creer. Al leerla estás aprendiendo, estás leyendo la palabra viva. Y al hablarla, cuando empiezas a predicar, el sello del Espíritu Santo está encendido en ti.
Daniela cuenta por qué ella lee: mucha gente ataca con versículos y también te responden con versículos, pero el versículo tiene un contexto. Ella viene de sociales, estudió trabajo social, tiene el hábito de leer, y un día se hizo la pregunta que lo ordena todo: si me he leído tantos libros e investigado tantas cosas, ¿por qué no me leo la Biblia, si al lado de todo eso es chiquita?
Cómo empezar a leer la Biblia
Cuando le preguntan por dónde empezar, James responde con un método concreto: Proverbios. Como hay 31 capítulos, se lee uno por día según la fecha: si es 1 de enero, Proverbios 1; si es 31 de enero, Proverbios 31.
Después, lo ideal es conocer a Jesús, y para eso recomienda el Nuevo Testamento empezando por Juan. Cuenta que un pastor lo llamaba el evangelio del agua: empieza con las bodas de Caná, sigue con Juan el Bautista bautizando en el agua, y más adelante viene la samaritana y el agua viva.
La razón de fondo es simple: se puede creer en Dios, pero nadie llega al Padre si no es a través del Hijo. Hay que conocer quién es Cristo. Y una Biblia completa, con Antiguo y Nuevo Testamento, cuesta poco en cualquier librería.
Daniela cuenta que la única Biblia que tiene se la pidió a su abuelita como herencia. Y queda pendiente una promesa que mencionan al aire: llevar biblias a la cantera de Aguaya Fútbol Club.
El poder de la oscuridad y el poder de la luz
Ya cerrando, James plantea la conclusión de todo el recorrido. La fuerza del mal existe. El poder de la oscuridad existe. Él lo vivió.
El problema es otro: ni el católico ni el cristiano conocen el verdadero poder de la luz. Y mientras tanto, la gente busca lo rápido, lo fácil, lo fugaz. O quiere mezclarlo todo.
El verdadero intermediario es Jesús
La pregunta final tiene una sola respuesta: el único intermediario entre el Padre y la tierra es Jesús. No hay nadie más.
Y hay un detalle práctico que lo confirma: todos los demás intermediarios cuestan dinero. Los cuarzos nadie te los regala. La limpia nadie te la regala. El curso para manifestar cuesta 500, el del vision board cuesta 50, y hay que seguir pagando siempre. La limpia que hoy cuesta 300 mañana cuesta 600, después 3.000, y terminas vendiéndolo todo.
Sobre la manifestación son tajantes: tú no eres el amo de tu vida. Quien conoce nuestro propósito y nuestro futuro es Dios. «¿Qué le voy a pedir al universo?», dice James. Pídeselo a Jesús, que conoce los anhelos de tu corazón.
Y una precisión que hacen sobre el enemigo: no lee tus pensamientos, no es omnipresente ni omnipotente, pero escucha, y por eso deja cascaritas por todas partes. Está bien organizado. Por eso el ejército de Dios también tiene que organizarse, y para eso sirve un podcast como este: para levantar hombres y mujeres que sigan al único Creador.
Tierra fértil o vidas infértiles
James cuenta cómo terminó su historia: Dios lo sacó de eso y lo puso sobre roca firme, que es Jesús, y en tierra fértil.
Su lectura es que Dios quiere fertilidad para sus hijos, y que mientras uno siga viviendo en esos intermediarios está siendo infértil, no da buen fruto y permite que esas maldiciones sigan viviendo en él. Por su fruto lo reconoceréis.
De ahí la vigilancia diaria con lo que uno recibe: canciones, música, películas, series. James lo dice en primera persona: a veces ve una serie y se da cuenta de que tiene que dejarla porque lo contamina. Todo entra por los ojos. Y Daniela lo asume igual, sin ponerse por encima de nadie: ella también escuchaba esa música, todos consumimos eso en algún momento y pagamos entradas para esos conciertos.
Caro para lo correcto, barato para lo que hace daño
Hay una comparación que deja el episodio sin adornos. El whisky sube al doble y la gente lo paga. El tabaco sube al doble y la gente lo paga. Están dispuestos a pagar lo que sea por una limpia.
Pero para las ofrendas, para una obra social, para comprar alimentos y ayudar, ahí de repente todo está caro. Todo parece caro cuando las cosas son correctas, cuando te forman y te fortalecen; y nadie pregunta el precio cuando lo que compra es placer y daño.
Por eso, dicen, muchos son los llamados y pocos los escogidos: Dios llama a todos y toca la puerta de todos, pero muchos dicen «Dios me salvó» y regresan a ensuciarse.
El camino se pone duro
Daniela añade lo que hace falta decir: no es fácil. Antes de estar aquí, los dos tuvieron caídas, y las personas que hoy buscan una vida que edifique también se cayeron mil veces. Eso no significa dejarlo todo botado.
James lo confirma sin adornarlo: uno piensa que al entrar al camino de Dios las cosas mejoran, y no es así, el camino se pone durísimo al inicio. Vas a perder amistades. Él ya lo asume para este año, y lo interpreta como un llamado: él se ha apartado de muchas cosas, y ahora es Dios el que está apartando cosas de su lado.
Mientras esto se hace, se están ganando almas, y por eso mismo el enemigo se levanta: esto no le beneficia en nada.
Curas y pilotos: mil aciertos y una sola falla
Ya le pasó dentro de su propia iglesia. Le reclamaron por un video en el que dijo una mala palabra. Su respuesta fue doble: agradeció la corrección, porque hay cosas que tiene que corregir y él está recién empezando; pero pidió lo mínimo, que vean el video completo y entiendan el contexto antes de decirle a alguien que no consuma su contenido.
Y de ahí sale la imagen que da nombre a este tramo: los curas y los pilotos se parecen. Pueden hacer mil cosas buenas y ser recordados por una sola falla. El piloto falla una vez y el avión se estrella; el pastor o el cura se equivoca una vez y del árbol caído todos hacen leña.
La ironía que subraya: para el mundo está peor verte haciendo un podcast y leyendo la Biblia que verte drogado o en una discoteca.
Invierte tu tiempo, no tu dinero
El consejo con el que cierran es concreto. En lugar de invertir dinero en cosas que funcionan un ratito y después piden más —porque eso no es un negocio; un negocio al menos da utilidad, esto se queda con tu alma—, invierte tu tiempo y conoce a Jesús.
Una hora al día no estaría mal. O 15 minutos: hay estudios bíblicos de 15 minutos en YouTube y en redes para quien no quiere hacerlo solo.
Porque, dicen, este podcast es el inicio para abrir conversaciones, abrir mentes y abrir corazones. Si hoy se hace lo correcto, uno es de bendición para su familia y para su comunidad.
Nunca vamos a ser perfectos
El cierre lo dejan claro para que nadie se confunda: nunca vamos a ser perfectos. Uno se cae desde la imperfección, se levanta las veces que sean necesarias, se sacude el polvo, y si no lo quieren escuchar en un lugar, sigue predicando y avanza.
Agradecen a la productora que hace posible el programa —«también aquí la jungla está siendo evangelizada»— y se despiden con la idea de fondo de siempre: Dios es bueno y todo obra para bien.
Lo que más se pregunta
Preguntas frecuentes de este episodio
¿Qué son los intermediarios esotéricos?
Cualquier ídolo, objeto, práctica o creencia que se usa para conseguir algo en lugar de acudir directamente a Dios: el horóscopo, los cuarzos, las energías, las limpias, los amarres, la manifestación. Prometen un atajo hacia el trabajo, el amor, el dinero o la paz, y siempre terminan cobrando.
¿Qué dice la Biblia sobre el horóscopo y la nueva era?
Que ocupan el lugar que le corresponde a Dios. En el episodio se explica que la nueva era es un conjunto de prácticas que ofrecen paz, fortuna, amor y riqueza a cambio de algo, mientras que la Biblia enseña que solo hay un intermediario entre Dios y los hombres: Cristo Jesús.
¿Qué es un anatema y qué hago si tengo uno en casa?
Son figuras y objetos ligados a otras creencias —budas, ojos griegos, cartas, amuletos de suerte— que muchas veces llegaron por herencia o de regalo, sin que uno los comprara a propósito. En el episodio se explica que hay que sacarlos de casa, porque contaminan el ambiente donde vives.
¿Qué son las cadenas intergeneracionales?
Lo que se hereda en una familia cuando alguien —una madre, un padre, un abuelo— practicó tarot, brujería o limpias. En el episodio se cuenta cómo esas puertas se abren sin que nadie se dé cuenta, porque el entorno las normaliza, y por qué hay que romperlas.
¿Cómo empiezo a leer la Biblia si nunca lo he hecho?
James recomienda empezar por Proverbios: como hay 31 capítulos, leer uno por día según la fecha del mes. Y después el Nuevo Testamento, empezando por el evangelio de Juan, para conocer primero quién es Cristo.
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